El Arrullar de la Partesana

Al suave arrullo que el beso de su sonrisa me canta, la fiebre que incendia peligrosa retuerce el delirio de una voz que ahuyenta las prisas miedosas y acicala la esencia cariñosa que me abraza con fuerza y no me deja respirar; aquella voz tan tierna que estremece con fuerza los huesos de mis manos, que temblorosas, intentan responder asustadas a la apresurada inquietud de ese deseo que se deleita a la asfixia que la va dejando lenta y dolorosamente sin aliento.

Intento de nuevo escuchar en silencio las trizas en que se va marchitando el débil trazo de lucidez que adolorido se retuerce a través del agobio que regala la hermosa armonía y que la inconsciencia le escupe como alabardas que corrompen su cuerpo y lo desangran, mientras que a su paso un camino de sangre queda manchando las cenizas de su piel.

Artesana de ilusiones y sueños que escapan despavoridos y nerviosos de la prudente doncella, la que de tan lejos recita sus murmullos con elocuencia para fascinar y enamorar al viento mientras que este recorre su voz por entre montañas y acantilados, esos donde tan lejos el sueño se escapa y la ilusión se esconde; pero mientras el silencio se agota de paciencia, yo persisto agudo al fervor del filo punzante que adormece el dolor que se mancha de él, que se evapora con su calor, que sucumbe a su presencia penetrante y profunda, que se endulza adicto a la bestial herida que regurgita el residuo de eso que hace olvidar, de eso que la hace curar.

Muy en el fondo me encuentro entonces, atado por las ganas de sentirme allí y ser resucitado una vez mas, de sentir el palpito ser humillado al enfrentar el destello sublime, cual lo golpea como el repentino cauto que la moharra insiste al incrustarse aventurada en el silencio que ya no reza por aguantar y que colapsa entonces a la reminiscencia de su acometida.


Alexander Knuplez

El Arrullar de la Partesana by

para mi hermosa doncella de alabastro, mi musa partesana…

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