El Viento que Sopla en Horas de Silencio

El cielo nublado de un noche fría y silenciosa se ilumina por luces distantes que marcan las horas solitarias de una ciudad abandonada y cubierta del tinte oscuro que mora entre todos los rincones y retumba entre los edificios abandonados y dejados a morir por el frío nocturno y la canción del viento, que silva a través de los muros, calles y ventanas, congeladas por el grumo y el misterio. El rocío que se escurre manchando las calles de suaves tonos pálidos y la caricia que gentilmente recorre con sus delicados y gélidos dedos los pasos que va dejando el eco del silencio, danzan por entre los pocos arboles que duermen tranquilamente y que susurran complacidos por el hermoso soplido que suaviza sus cuerpos; inquieta, la luna destella muy alta y dulce mientras sus fugaces sonrisas motivan y se acoplan con el cómodo sonar del respirar profundo que va quedando como un gigante inmortal, como una entidad oscura que libremente pasea feliz y sabio mientras se deleita con la melodía que se esconde, que es muy tímida, que corrompe tal y como el viento helado lo hace mientras consume la negra silueta de la ciudad, una silueta profunda y profana como el aullido y gemir de sus balcones, techos, cuartos y pasillos, sus calles y sus avenidas, muerta como esa sonoriza que la reduce a una mera carcasa que se pudre desde adentro mientras que su cuerpo se congela y se oscurece, sumergiéndose en la hermosa soledad, en la sublime quietud. (como una reliquia sin nombre)


Alexander Knuplez

El Viento que Sopla en Horas de Silencio by

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