En un viaje a Japón en el 2008 descubrí en mi pasaporte el QR CODE, el sustituto japones del codigo de barras, me acabadan de convertir en otro metarizoma que interactua con la maraña que nos identifica. Uno con el movimiento se va enrredando en la vida y va creando su propio sistema de almacenamiento de la información, menos mal que tenemos el arte para transformarla…
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